ARTICULOS
La transitoriedad
“Cuando llegue la Primavera,
si ya me he muerto,
florecerán las flores de la misma manera
y los árboles no serán menos verdes que la Primavera
pasada."
Alberto Caeiro
“La idea de no considerar a la muerte en el cálculo
de la vida trae por consecuencia muchas otras renuncias y exclusiones.”
Sigmund Freud
Una dificultad que se le presenta al ser humano, a lo largo de su
vida, es aceptar las diferentes pérdidas que se van acumulando
en su inventario.
Dos son las posibles reacciones frente a éstas: una lleva
a una desazón con el mundo, otra conduce a rebelarse contra
esa fatalidad.
Cada pérdida, la de la persona amada, la del trabajo, la
de un proyecto, nos muestra lo transitorio de nuestra vida, el carácter
finito que nos hace humanos. Es decir, que el sujeto se debate entre
la desazón y la rebeldía para no aceptar que forma
parte de la especie humana. Ambas actitudes eluden el trabajo de
duelo, la sustitución indispensable para elaborar la larga
serie de separaciones que implican las adquisiciones de la vida:
de los padres, de los amigos del colegio, del primer amor, de los
hijos, hasta llegar a despedirnos de nuestra propia vida.
Si pasamos por alto dicho trabajo de elaboración se puede
caer en la siniestra ilusión de que nuestro transitar en
este mundo está gobernado por la nostalgia de aquella tierna
infancia donde creemos haber sido inmensamente dichosos.
Pasa un día y otro, todo es como era, como hubiese sido siempre,
hasta que algo nos ocurre: nos sorprende la muerte, la de nuestro
amor o un hijo nos abandona. Una reacción frente a ello es
hacer como si no hubiese pasado nada, se puede seguir haciendo las
mismas cosas o bien, el sujeto puede comenzar el trabajo de duelo
para ir elaborando la pérdida y lo que se ha perdido con
ella, es decir, hacerse humano entrando en el mundo de los mortales,
aceptando así que la vida es una larga serie de muertes,
separaciones o pérdidas hasta que uno mismo entra en la misma
serie.
Pero la mayoría de las veces se opta por el primer camino:
algunas personas tratando de ir matando con el silencio a la muerte,
con esa omnipotencia de creer que se puede impedir, por ejemplo,
que nuestros seres queridos se mueran. Creyendo que el sujeto es
eterno e inmortal se va apartando de aquello que desea, traicionando
la propia responsabilidad frente a su deseo se aferra, muchas veces,
con pasión a lo que lo mortifica; Otra siniestra ilusión
de esperar -sin trabajar- que el porvenir me traiga todo lo que,
sin duda, "merezco".
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