Gabinete de Psicoterapia
   

 

 

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El poder de la identificación

No duden ni un momento queridos lectores que el motor del desarrollo del ser humano hacia la adultez no es ni más ni menos que el poder de la identificación. El niño nace prematuro, nace antes de tiempo. Somos el único ser vivo que debe hacerse esclavo de sus progenitores para sobrevivir, sin el Otro no hay vida. Pero el camino hacia la supuesta adultez no está exento de dificultades, frases atravesadas y palabras reprimidas. La sobredeterminación genética nos lleva indudablemente a buscar la mirada del Otro. Una vez que nuestro sistema nervioso se ha desarrollado lo suficiente como para fijar la mirada, ésta recorre su microcosmos buscando lugares donde reparar y gracias a esa mirada podemos ver el Mundo. En ese instante mítico creemos a nuestro cuidador eterno, perfecto e inmutable, como si de una Idea platónica se tratara. Tan sólo en el instante que percibimos que no capturamos su amor ininterrumpidamente que aparece algo nuevo. ¿Para qué desearía desviar la mirada de mí algo eterno, perfecto e inmutable? Ahí es donde descubrimos el deseo del Otro. Hablamos del Nuevo Mundo para ese ser pequeño y retoño y en definitiva del Mundo con mayúsculas.

Si el niño no mirara a sus padres y deseara ser como ellos, no habría humanidad, ya que para crecer necesita un modelo, y si es cuidado por lobos, crecerá como un lobo más de la manada. Resumiendo, el niño crece haciéndose esclavo de sus cuidadores ya que sino moriría, esta huella va a marcar el psiquismo humano de manera permanente, pero eso no significa que no deba buscar fuera de la familia otros humanos con los que identificarse: hermanos, amigos, profesores, personajes de ficción, etc.

Es ahí donde uno debe ser consciente del poder de la identificación, el ser humano ansía crecer, siempre fantaseamos que el futuro será mejor, mientras el presente se escapa a la compresión.

No podemos subestimar nunca el poder de la identificación, ya que nosotros mismos estamos inmersos en un infinito mundo de miradas del Otro; es más, cuantas más miradas podamos captar mejor entenderemos la complejidad y riqueza del ser humano, porque si sólo deseamos ser como nuestros padres, no hay mundo fuera de la familia, y entonces, eso es ahogar la potencialidad de cada ser humano.

Daniel Cañero

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