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Una enfermedad del deseo
¿Quedarían realmente sorprendidos
si les dijéramos que la palabra “anorexia” nada
tiene que ver con la ingesta de alimentos? Pues así es.
En griego antiguo el verbo a???e??a significa:
alcanzar, tocar, tomar consigo, encargarse de, tender, ofrecer,
dar, extenderse, expandirse de gozo, desear a alguien. No tiene
en ningún texto la acepción de “comer”.
En el ser humano el comer es un acto social y como
tal colmado de simbolismo, esto lo aleja de un mero acto de ingesta
de calorías y lo acerca más a un momento placentero,
pero ¿qué ocurre cuando este supuesto acto placentero
se convierte en un infierno?
Este infierno del no comer intenta abrir una brecha
hacia el deseo taponado. En muchos casos de anorexia vemos como
a la joven se le llena constantemente la boca de suculentos manjares,
de deseos no satisfechos de los padres, de expectativas... pero
en pocas ocasiones se le deja que hable. La madre devora a esa hija
que se pregunta: ¿qué es ser mujer?
Y al no poder definirse como tal opta por aferrarse
al cuerpo de niña: pérdida de peso, ausencia de curvas,
amenorrea y nulo interés por la sexualidad.
Como respuesta a esa pregunta emerge el síntoma:
anorexia y/o bulimia. El síntoma intenta establecer una barrera
entre ella y la madre, que se queja de que su niña “no
le come”.
Así vemos cómo, a medida que avanza
el análisis y la sujeto va poniendo palabras a la pregunta
¿qué es ser mujer?, los síntomas van desapareciendo.
Al lograr conectar frases con afectos va accediendo a la sexualidad
adulta que le era barrada.
Daniel Cañero
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