La pareja: ¿un engaño?

[Extracto del texto que sirvió de apoyo a la charla-coloquio, con el mismo título, del 21 de junio de 2015 en Cincómonos Espai d’Art, Barcelona]

La cuestión de tener o no tener una pareja o qué tipo de relación de pareja queremos establecer preocupa a todo ser humano en un momento u otro de su vida. Generalmente, se responde en función de las experiencias vitales de cada persona, aunque ésta debería ser una cuestión permanentemente abierta, ya que nadie piensa lo mismo siempre (o, al menos, lo más saludable sería poder revisar y elaborar de forma continua nuestra creencias, pensamientos…).

Pareja01Para abordar la problemática de la pareja, en primer lugar, es necesario distinguir entre amor y enamoramiento. Este último es un estado de locura transitoria, de idealización del objeto amado. Responde al momento inicial de la relación entre dos personas, donde uno cree que el otro es perfecto, que lo completa, que lo es todo para él o ella, e incluso contempla una posible pérdida de esa relación como algo devastador (“sin ti no soy nada”, que dice la canción).

Cuando esta etapa inicial de enamoramiento cede, aparece el otro en la realidad: con sus defectos, con sus incompatibilidades… Ese instante puede ser vivido de forma traumática por uno o los dos miembros de la pareja y dar lugar a expresiones tan típicas como “él (o ella) ya no es el mismo”. Sin embargo, él o ella son exactamente la misma persona que hace tan poco considerábamos perfecta. Es ahí, en ese momento, si se supera esa fase, cuando se puede transitar desde el enamoramiento hasta el amor.

Y el amor es una construcción, un proceso elaborativo en fluir continuo donde intervienen innumerables factores; y donde cada uno debería conservar un cierto espacio personal para permitir que, después, se genere el deseo de reencontrarse con el otro. “Amar no es mirarse el uno al otro, amar es mirar los dos en una misma dirección”, dijo Antoine de Saint-Exupéry.

Sin embargo, estamos en una sociedad que dificulta enormemente el amor. ¿Por qué? Porque confunde el concepto de enamoramiento con el de amor, y hace creer que el amor es aquel momento enajenado del inicio de una relación que, como hemos visto, no tiene nada que ver con el vínculo real que es necesario que se establezca con el otro.

“Sin ti no soy nada”, “Si tú me dices ven, lo dejo todo”, “Morir de amor”, etc. Éstas y muchas otras frases están insertas en miles y miles de canciones que oímos cada día y que se instalan en nosotros sin que lo advirtamos (de forma inconsciente). Lo mismo sucede con los anuncios (donde se venden unas relaciones perfectas) o con las películas románticas, que exhiben unos modelos amorosos absolutamente ficticios (¿alguien se puede creer, de verdad, Pretty Woman?).

Este bombardeo social, en gran parte procedente de los medios de comunicación, provoca que el concepto de pareja, en la actualidad, se vincule de manera férrea a un ideal romántico que acabará resultando inaccesible (e insano, por qué no decirlo). Además, este mismo entorno que inculca estas creencias pone en bandeja, por otro lado, un mercado del amor en forma de webs de citas, locales de ocio para ligar y otras formas rápidas y sencillas (hasta aplicaciones para móviles) para encontrar a aquel / aquella que me complete.

“Por mucho que creamos haberlo superado, los mitos de la media naranja y del príncipe azul siguen grabados a fuego en nuestro sistema de creencias inconsciente”

Todo ello genera que, ante la caída del enamoramiento, uno crea que, en realidad, ha caído el amor y corra rápidamente a este mercado para encontrar a ese sustituto, que (¡al fin!) hará que sea una persona completa y absolutamente feliz. Por mucho que creamos haberlo superado, los mitos de la media naranja y del príncipe azul siguen grabados a fuego en nuestro sistema de creencias inconsciente.

¿Qué provoca todo esto? Un cortocircuito mental, una gran confusión. Y, ahora sí, un engaño. Porque nadie vendrá a completarnos ni nadie evitará que, en nuestra vida, nos enfrentemos a situaciones de sufrimiento. Con o sin pareja.

La relación de pareja, desde luego, puede ser un motor absolutamente estimulante para la vida de los seres humanos. Pero no debemos olvidar que se trata de una producción (es decir, de algo que se tiene que producir, elaborar) y que, como cualquier otra elección en la vida, puede funcionar… o no. Es decir, crear una relación de pareja que aporte bienestar implica un trabajo. Y el éxito nunca está asegurado.

Además, hay que tener en cuenta que en la elección de una pareja se ponen en juego, de forma inevitable, motivos inconscientes. Motivos inconscientes que, luego, se racionalizan, y en ese proceso de racionalización uno se puede llegar a engañar a sí mismo de maneras sorprendentes… y muy dañinas. En este sentido, un proceso de análisis ayuda a la persona a admitir las razones de sus elecciones amorosas, sin que ello tenga que suponer necesariamente una renuncia a dicha elección. Eso sí, al menos, la persona será más consciente de por qué ha elegido a la pareja que comparte su vida y qué puede hacer para mejorar esa relación.

 Esther Verdaguer y Carlos Carbonell