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Vivir en un infierno: obsesiones y fobias

[Extracto del texto que sirvió de apoyo a la charla-coloquio, con el mismo título, del 25
de octubre de 2015 en Cincómonos Espai d’Art, Barcelona]

Decir de alguien con una pequeña manía que vive en un infierno sería, desde luego, una exageración. Más bien, imaginamos que una vida de infierno está vinculada con hechos trágicos, dramáticos (por ejemplo, sufrir una guerra, una grave enfermedad…). Pero una persona tomada por las obsesiones, dominada por alguna o algunas fobias, puede sufrir enormemente.

Para entender cómo se generan los síntomas obsesivos y fóbicos debemos tener en cuenta, por un lado, que los mecanismos que nos hacen estar sanos o enfermos son los mismos; cuando estos mecanismos traspasan un cierto umbral, entonces aparece lo patológico. Por ejemplo: es bueno ser una persona ordenada, pero es enfermizo tener que doblar perfectamente toda la ropa antes de poder salir de casa; lo primero ayuda a vivir, lo segundo convierte la vida en una pesadilla.

Vivir en un infierno obsesiones y fobias

Y por el otro lado, es necesario tener muy presente que nuestro psiquismo está regido por el inconsciente, que es una instancia tremendamente enigmática. La mayor parte de lo que decimos, actuamos y sentimos tiene su origen en el inconsciente. Debido a que tenemos un inconsciente, reprimimos pensamientos y afectos que no nos gustan (por ejemplo, cuando sentimos agresividad hacia alguien); y también proyectamos pensamientos nuestros en los demás (por ejemplo, cuando uno cree que su pareja está de mal humor y, en realidad, es uno mismo el que está de mal humor). Estos mecanismos serán importantes para entender cómo se forman los síntomas obsesivos y fóbicos.

En las obsesiones, la persona ejecuta un ritual que no puede dejar de hacer, aunque le resulte ridículo, o está apresada por pensamientos de los que no puede escapar. Esto sucede porque hubo, anteriormente, una idea que no pudo tolerar, se reprimió y, en su lugar, aparecieron los síntomas obsesivos, para alejar esa idea de la conciencia.

Por ejemplo, Lucía tiene dos hijos. Un día, en casa, los niños estaban portándose muy mal y a ella se le cruzó el pensamiento “los tiraría por la ventana”. Obviamente, se trataba de una frase hecha, que nunca iba a llevar a la realidad, pero le causó tanta angustia que la reprimió y, a cambio, empezó a asegurarse, cada día, varias veces, de que todas las ventanas de casa estaban cerradas antes de salir a la calle, lo que le hacía perder muchísimo tiempo y energía. El problema es que Lucía no podía conectar, antes de su terapia, su acción obsesiva con ese pensamiento inicial, porque lo había reprimido y ahora actuaba en ella de modo inconsciente.

Mientras, en las fobias, lo primero que vemos es que aparece un miedo irracional. Es decir, uno puede sentir cierta aprensión a subir a un avión, pero de ahí a no poder montar jamás en uno hay una diferencia que convierte a la fobia en algo patológico.

Lo que se produce aquí es el intento de la persona de huir de un pensamiento indeseado a través de su objeto fóbico. Veamos otro ejemplo. Juan era un hombre con fobia a los ascensores. A Juan, un día, le asaltó el pensamiento de ser infiel a su mujer mientras estaba hablando con una compañera de trabajo en el ascensor; ello le resultó intolerable y lo reprimió. Y para salvaguardar esa represión, proyectó ese malestar interno en un objeto externo, y se volvió incapaz de subir a ningún ascensor. Esa fobia lo protegía de que apareciera el deseo de infidelidad en su conciencia.

Aquí aparece el mecanismo del que hemos hablado anteriormente, el de la proyección. Puso fuera de sí (en el ascensor) una problemática cuyo origen estaba dentro (el deseo de infidelidad). Obviamente, sin una terapia, el fóbico tampoco es capaz de descubrir el origen inconsciente de su síntoma.

Vemos que, tanto en las obsesiones como en las fobias, hay un intento de la persona de no sentir angustia. Los síntomas son intentos del psiquismo por no enfrentarse a situaciones angustiantes, en estos casos, a los propios pensamientos. Pero el precio que se paga al sustituir la angustia por los síntomas es claramente dañino para el ser humano, ya que incapacitan enormemente y no dejan lugar al crecimiento personal.

Esther Verdaguer y Carlos Carbonell

Charla-coloquio: Ella y él y viceversa. La relación de pareja

Charla – Coloquio

Ella y él y viceversa. La relación de pareja

A cargo de:

Laura Blanco y Esther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Miércoles, 24 de febrero de 2016, a las 20:00.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA (consumición obligatoria) – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com

La estafa de ser felices: tristeza y depresión

[Extracto del texto que sirvió de apoyo a la charla-coloquio, con el mismo título, del 16
de diciembre de 2015 en Cincómonos Espai d’Art, Barcelona]

Ser feliz es un anhelo que ha existido desde siempre en el ser humano y que ha sido
explorado por grandes pensadores. Sin embargo, estamos en una época donde este
concepto está corrompido por nuestra sociedad de consumo, como lo demuestran
algunos eslóganes publicitarios que utilizan la palabra felicidad o derivados.

– “Ser feliz cuesta muy poco” (Media Markt).

– “Destapa la felicidad”, “Haz feliz a alguien” (Coca-Cola).

– “Felicidad. Kinder Sorpresa nos da grandes momentos de felicidad”.

Estos eslóganes son ejemplos que indican que, hoy, la felicidad ha dejado de ser un
ideal, una aspiración, una meta a la que llegar, para convertirse… en un producto de
consumo que resultaría muy fácil de alcanzar (simplemente, comprando el artículo
publicitado). Y, además, sitúa la felicidad en un objeto externo; en este sentido, es
comprensible que muchas personas crean que serían dichosas si les tocara la lotería o
encontraran el (supuesto) amor de su vida.

Sin embargo, estamos ante un concepto de felicidad manipulado y enajenado. La
felicidad, sobre todo, se trata de una producción. Un lugar (simbólico) al que uno
aspiraría a llegar mediante un proceso de análisis y de indagación que puede llevar
toda la vida. Si dejamos que los artículos de consumo o que las fantasías de ser
millonarios o hallar un príncipe azul fundamenten nuestro concepto de felicidad,
estaremos dejando que nos estafen y, desde luego, nos estaremos estafando.

La estafa
Además, es pertinente también cuestionar la expresión “ser feliz”, donde ser remite a
un afecto que se alcanza y, una vez conseguido, uno se queda permanentemente
instalado en él. No hay nada más irreal que tratar la felicidad como algo que se
prolongará sin fin, y ahí cabe abordar los conceptos de tristeza y duelo.

El ser humano siente una resistencia innata a enfrentarse con aquellas emociones que
le causan displacer: rabia, angustia, asco, vergüenza y, desde luego, tristeza. Pero
experimentar tristeza y dejarse caer en un duelo es imprescindible para poder
trascender estos estados afectivos y alcanzar el bienestar.

El duelo, como reacción ante una pérdida (por la muerte de un ser querido, por una
ruptura sentimental, por una pérdida laboral, etc.), implica una serie de consecuencias:
la persona en duelo pierde energía, interés por el mundo y es incapaz de amar, de
gozar y de trabajar como antes. Todas estas reacciones son normales y es necesario
no molestar a quien atraviesa esta fase. Además, minimizar el duelo o creer que
pasará pronto es el camino más directo para agravarlo.

En un proceso de duelo se atraviesan diversas etapas (negación, rabia, negociación,
tristeza y aceptación) y, al final, la persona recuperará la energía con la que salir al
mundo de nuevo. Es decir, se produce un trabajo pesado, fatigoso, pero irrenunciable
para que el doliente salga de su tristeza; y es un trabajo que viene recompensado,
cuando finaliza, por una capacidad renovada para cargar el mundo.

Si el duelo es un proceso normal, con la depresión (a la que aquí llamaremos también
melancolía) se da un proceso patológico. La depresión es la plaga psíquica más grave
de nuestra sociedad (primera causa de baja laboral) y comparte con el duelo algunas
características: la persona deprimida siente una enorme tristeza y una tremenda
dificultad para amar, gozar, trabajar…

No obstante, y a diferencia del duelo, en la melancolía no se elabora ningún trabajo
para superar este estado. Al contrario, viene agravado por una serie de circunstancias
de la que destaca una que se da muy a menudo: el deprimido habla siempre mal de sí
mismo y lo airea sin cesar con frases del estilo “no sé cómo me podéis aguantar”. Ello
sucede porque se ha producido una pérdida inconsciente de algo amado que el
enfermo por depresión es incapaz de comprender, y que hace vital una terapia para
poder desentrañar el origen de su dolencia. Por desgracia, muchos deprimidos sólo
recurren a la medicación, lo que supondrá un parche (a veces, imprescindible) pero
de ninguna manera la resolución del conflicto psíquico.

La melancolía pone, además, en un compromiso al entorno del deprimido, que sentirá
culpabilidad si cree que desatiende al enfermo. Y éste, a su vez, puede caer en lo
que se llama el beneficio secundario de la enfermedad, que es quedarse anclado en
la queja depresiva ya que, pese a ser dolorosa, hace que todo el mundo esté
pendiente de él.

Si el duelo es un camino que nos puede reconducir a una vida plena, la depresión es
una sombra alargada que nos aleja, no ya de la felicidad, sino del simple intento de su
búsqueda, sea cuál sea el concepto de felicidad que se tenga en la cabeza.

La pareja: ¿un engaño?

[Extracto del texto que sirvió de apoyo a la charla-coloquio, con el mismo título, del 21 de junio de 2015 en Cincómonos Espai d’Art, Barcelona]

La cuestión de tener o no tener una pareja o qué tipo de relación de pareja queremos establecer preocupa a todo ser humano en un momento u otro de su vida. Generalmente, se responde en función de las experiencias vitales de cada persona, aunque ésta debería ser una cuestión permanentemente abierta, ya que nadie piensa lo mismo siempre (o, al menos, lo más saludable sería poder revisar y elaborar de forma continua nuestra creencias, pensamientos…).

Pareja01Para abordar la problemática de la pareja, en primer lugar, es necesario distinguir entre amor y enamoramiento. Este último es un estado de locura transitoria, de idealización del objeto amado. Responde al momento inicial de la relación entre dos personas, donde uno cree que el otro es perfecto, que lo completa, que lo es todo para él o ella, e incluso contempla una posible pérdida de esa relación como algo devastador (“sin ti no soy nada”, que dice la canción).

Cuando esta etapa inicial de enamoramiento cede, aparece el otro en la realidad: con sus defectos, con sus incompatibilidades… Ese instante puede ser vivido de forma traumática por uno o los dos miembros de la pareja y dar lugar a expresiones tan típicas como “él (o ella) ya no es el mismo”. Sin embargo, él o ella son exactamente la misma persona que hace tan poco considerábamos perfecta. Es ahí, en ese momento, si se supera esa fase, cuando se puede transitar desde el enamoramiento hasta el amor.

Y el amor es una construcción, un proceso elaborativo en fluir continuo donde intervienen innumerables factores; y donde cada uno debería conservar un cierto espacio personal para permitir que, después, se genere el deseo de reencontrarse con el otro. “Amar no es mirarse el uno al otro, amar es mirar los dos en una misma dirección”, dijo Antoine de Saint-Exupéry.

Sin embargo, estamos en una sociedad que dificulta enormemente el amor. ¿Por qué? Porque confunde el concepto de enamoramiento con el de amor, y hace creer que el amor es aquel momento enajenado del inicio de una relación que, como hemos visto, no tiene nada que ver con el vínculo real que es necesario que se establezca con el otro.

“Sin ti no soy nada”, “Si tú me dices ven, lo dejo todo”, “Morir de amor”, etc. Éstas y muchas otras frases están insertas en miles y miles de canciones que oímos cada día y que se instalan en nosotros sin que lo advirtamos (de forma inconsciente). Lo mismo sucede con los anuncios (donde se venden unas relaciones perfectas) o con las películas románticas, que exhiben unos modelos amorosos absolutamente ficticios (¿alguien se puede creer, de verdad, Pretty Woman?).

Este bombardeo social, en gran parte procedente de los medios de comunicación, provoca que el concepto de pareja, en la actualidad, se vincule de manera férrea a un ideal romántico que acabará resultando inaccesible (e insano, por qué no decirlo). Además, este mismo entorno que inculca estas creencias pone en bandeja, por otro lado, un mercado del amor en forma de webs de citas, locales de ocio para ligar y otras formas rápidas y sencillas (hasta aplicaciones para móviles) para encontrar a aquel / aquella que me complete.

“Por mucho que creamos haberlo superado, los mitos de la media naranja y del príncipe azul siguen grabados a fuego en nuestro sistema de creencias inconsciente”

Todo ello genera que, ante la caída del enamoramiento, uno crea que, en realidad, ha caído el amor y corra rápidamente a este mercado para encontrar a ese sustituto, que (¡al fin!) hará que sea una persona completa y absolutamente feliz. Por mucho que creamos haberlo superado, los mitos de la media naranja y del príncipe azul siguen grabados a fuego en nuestro sistema de creencias inconsciente.

¿Qué provoca todo esto? Un cortocircuito mental, una gran confusión. Y, ahora sí, un engaño. Porque nadie vendrá a completarnos ni nadie evitará que, en nuestra vida, nos enfrentemos a situaciones de sufrimiento. Con o sin pareja.

La relación de pareja, desde luego, puede ser un motor absolutamente estimulante para la vida de los seres humanos. Pero no debemos olvidar que se trata de una producción (es decir, de algo que se tiene que producir, elaborar) y que, como cualquier otra elección en la vida, puede funcionar… o no. Es decir, crear una relación de pareja que aporte bienestar implica un trabajo. Y el éxito nunca está asegurado.

Además, hay que tener en cuenta que en la elección de una pareja se ponen en juego, de forma inevitable, motivos inconscientes. Motivos inconscientes que, luego, se racionalizan, y en ese proceso de racionalización uno se puede llegar a engañar a sí mismo de maneras sorprendentes… y muy dañinas. En este sentido, un proceso de análisis ayuda a la persona a admitir las razones de sus elecciones amorosas, sin que ello tenga que suponer necesariamente una renuncia a dicha elección. Eso sí, al menos, la persona será más consciente de por qué ha elegido a la pareja que comparte su vida y qué puede hacer para mejorar esa relación.

 Esther Verdaguer y Carlos Carbonell

Charla-coloquio: La estafa de ser felices: tristeza y depresión

Charla – Coloquio

La estafa de ser felices: tristeza y depresión

A cargo de:

Carlos CarbonellEsther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Miércoles, 16 de diciembre de 2015, a las 20:00.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA (consumición obligatoria) – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com

Charla-coloquio: Vivir en un infierno: obsesiones y fobias

Charla – Coloquio

Vivir en un infierno: obsesiones y fobias

A cargo de:

Carlos CarbonellEsther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Domingo, 25 de octubre de 2015, a las 19:00.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA (consumición obligatoria) – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com

Charla-coloquio: La pareja: ¿un engaño?

Charla – Coloquio

La pareja: ¿un engaño?

A cargo de:

Carlos CarbonellEsther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Domingo, 21 de junio de 2015, a las 19:30.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA (consumición obligatoria) – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com

Charla-coloquio: Celos y envidia: compañeros no gratos

Charla – Coloquio

Celos y envidia: compañeros no gratos

A cargo de:

Carlos CarbonellEsther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Domingo, 15 de marzo de 2015, a las 19:00.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com

Charla-coloquio: ¿Lo mío es tristeza o depresión?

Charla – Coloquio

¿Lo mío es tristeza o depresión?

A cargo de:

Eva Rodríguez y Esther Verdaguer, psicoterapeutas.

Día y hora:

Domingo, 16 de marzo de 2014, a las 18:00.

Lugar:

Cincómonos Espai d’Art – Consell de Cent, 283, Barcelona

ASISTENCIA GRATUITA – PLAZAS LIMITADAS

Información e inscripciones: 93 454 73 90 – secretaria@psicoterapiabcn.com